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El tiempo apremia y esperan un fallo para salvar la vida de su hija

Probablemente nada pueda angustiar y atormentar más a un ser humano que no poder salvar la vida de un hijo. Sobre todo cuando hay un camino para evitar la muerte pero acceder a él depende de recursos y decisiones que no son propios. Se depende de los demás, y esos demás parecen no estar a la altura de las circunstancias. 

Ese martirio es el que viven desde hace tiempo Edgar Molinar y su esposa, Gabriela Alderete. Ellos son los padres de Francesca, una nena de 4 años que necesita de un complejo tratamiento médico para superar una cardiopatía congénita que padecen pocas personas en el mundo.

Tras varias cirugías paliativas realizadas en nuestro país, encontraron una puerta a la esperanza en Estados Unidos, donde un primer contacto permitió mejorar mucho el cuadro de “Fran”, como la llaman en su casa.

Pero ahora el problema de fondo demanda una cirugía que la obra social de Edgar, el Insssep, se niega a cubrir. “El viaje a Estados Unidos no es un capricho, en la Argentina ya constatamos que no hay clínicas en condiciones de abordar el caso de nuestra hija con chances verdaderas de sobrevida”, explicó Edgar a NORTE.

Por eso, los padres de la niña presentaron en la Justicia provincial de familia un recurso de amparo para que se ordene a la obra social dar la cobertura. En primera instancia la jueza interviniente denegó el pedido de una cautelar, y desde mayo la familia aguarda que la Cámara de Apelaciones defina si ratifica esa resolución o accede al desesperado planteo de los padres.

TURNO PERDIDO

Esa parsimonia de los camaristas para resolver el tema hizo que Francesca ya perdiera el turno que tenía reservado para ser atendida en agosto en Boston. Ahora hay una nueva reserva para septiembre, con destino incierto.

Todo depende de lo que digan la Justicia y el Insssep. Fran y sus papás habían logrado viajar a Boston en 2017, merced a una campaña solidaria que juntó más de 50.000 dólares para financiar los gastos de traslado, estadía y atención.

La niña mejoró mucho. Fue estabilizada y consume siete dosis de medicación, muchas menos que las 23 que afrontaba antes. También pudo dejar de utilizar una sonda. Se la ve alegre y animada. Pero todo puede cambiar de un momento a otro.

“Su cardióloga declaró ante la justicia que en cualquier momento su corazón puede colapsar. No podemos esperar indefinidamente”, dice Edgar. Los que pueden darle a Fran la oportunidad de vivir muchos años, por ahora, no dan señales. Y entretanto, el tiempo no para.

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